domingo, 18 noviembre 2018
Radioaficionados

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Ponencia presentada por Isidoro Ruiz-Ramos EA4DO en el Congreso Internacional de Historia de las Telecomunicaciones de Madrid, Octubre 2010.

LOS RADIOAFICIONADOS
EN EL COMIENZO DEL BROADCASTING ESPAÑOL

Mi agradecimiento a Javier MARTÍNEZ GALILEA, ea4eqd, POR LA TRADUCCIÓN DEL TRABAJO
QUE HA SIDO PUBLICADO EN EL LIBRO

HISTELCON 2010 MADRID – A CENTURY OF BROADCASTING – CONFERENCE PROCEEDINGS

1. Introducción
En el campo de la Radio amateur, la primera referencia española sobre un experimentador que logró comunicar con otras estaciones, desde la que él mismo se construyó, fue Matías Balsera que entonces, en 1903, ingresó en el Cuerpo de Telégrafos.

Ante las graves consecuencias que podría tener en España para la seguridad del Estado la expansión del interés por la Telegrafía Sin Hilos, ésta quedó prohibida en 1908 pero a pesar de ello algunos aficionados continuaron poniendo en práctica sus ideas con el máximo secreto.
Dadas las grandes interferencias que causaron multitud de aficionados a las estaciones de los buques con las chispas de sus grandes bobinas de inducción,

en 1912 se publicó una Ley en los Estados Unidos mediante la que se permitió a los amateurs experimentar únicamente en longitudes de onda inferiores a 200 metros, por considerar entonces los investigadores que tales frecuencias del espectro radioeléctrico no tenían aplicación alguna. Pero se equivocaron, los aficionados pronto comprobaron durante sus pruebas que lograban alcanzar sucesivamente mayores distancias en sus comunicaciones bilaterales y ello les animó a continuar.
Fue a finales de la segunda década del Siglo XX cuando algunos amateurs de los Estados Unidos y Europa iniciaron emisiones de música y palabra, lo que dio origen a las primeras estaciones de radiodifusión. Ejemplo lo tenemos en la pionera KDKA de Pitsburg que nació del transmisor de Frank Conrad operador de la “8XK”.

2. Primeras experiencias de broadcasting en españa
A comienzos de los años veinte, cuando se publicaron las primeras noticias sobre el desarrollo inicial del broadcasting en otros países, aún continuaba prohibida en España toda actividad relacionada con la Telegrafía Sin Hilos.
Los más interesados empezaron a reunirse semi-clandestinamente en las grandes ciudades con el fin de intercambiar conocimientos de sus experiencias. De tales reuniones surgió en Madrid el 1º de octubre de 1922 el Radio Club de España,

y fue precisamente durante aquél año, también en Madrid, cuando Matías Balsera

comenzó a realizar “difusiones gramofónicas” desde la estación que se puso en el Palacio de Comunicaciones.
Ante la falta de receptores en el mercado muchos aficionados decidieron construirlos; unos para ellos mismos y otros para su comercialización, como así ocurrió con Carlos De la Riva cuyo taller lo instaló junto a la Puerta de Alcalá.

Al no haber entonces estaciones a las que poder escuchar fácilmente y con objeto de vender más receptores, se le ocurrió construir un pequeño transmisor y emitir la música grabada en los discos de gramófono.
Consecuencia de las emisiones de Carlos De la Riva fue la creación de la primera empresa española con actividad radiodifusora: Radio Ibérica, cuya dirección técnica recayó en Carlos De la Riva y también en su hermano Adolfo.

Al igual que en Madrid, durante 1923 otros aficionados de ciertas provincias comenzaron a emitir la música de sus discos. Testimonio de ello lo tenemos con José Blanco Novo, de Santiago de Compostela, a quien le concederían después el indicativo EAR-28 para su estación amateur y con Vicente Albors, de Alcoy (Alicante), adjudicatario más tarde del distintivo EAR-99.

Ante el gran interés que provocó la “radiotelefonía” durante el verano de 1923, Emilio Cañete, tiempo después EAR-3, editó Radio Sport, la “revista de radio más antigua de España”; el Radio Club de España difundió Tele Radio como órgano oficial, y en Barcelona se publicó Radiosola por iniciativa de José María Guillén García y el editor Eduardo Sola.

3. El gran descubrimiento de los amateurs
Con independencia de la actividad similar a la radiodifusora que iniciaron ciertos aficionados, la inmensa mayoría se dedicó a las experiencias de transmisión radiotelegráfica en las “despreciadas” ondas cortas, fijándose algunos la ilusionante meta de unir los continentes separados por grandes océanos. Finalmente esto se consiguió en noviembre de 1923 con los enlaces entre Japón y el estado norteamericano de Washington, y también entre Niza y el estado de Connecticut por mediación del aficionado francés Léon Deloy, F8AB, y el estadounidense Fred H. Schnell, 1MO, de la American Radio Relay League.

A partir de tales hazañas, y la ventaja que ello representaba en comparación con las monstruosas instalaciones necesarias para la emisión en las ondas largas, el paso del tiempo hizo que fuera usurpado a los amateurs la casi totalidad del espectro radioeléctrico inferior a 200 metros empleado hasta entonces por ellos en exclusividad.

4. Autorización de la radio en España
La rápida expansión del “broadcasting” en Europa originó a comienzos de 1924 la publicación de secciones especializadas de “T.S.H.” en los periódicos madrileños, y también la creación de radioclubes por distintas provincias, lo que hizo aumentar rápidamente el número de “radio-aficionados”.

Cuando a finales de marzo de aquél mismo año sólo se escuchaba a ciertas horas en Madrid la estación oficial de Carabanchel, dos aficionados a la emisión, primero Vicente G. Camba, y después Rafael Pacios identificándose como “9RC”, comenzaron a emitir “radio conciertos” poniendo el micrófono del transmisor ante la bocina del gramófono.
Ante el furor que comenzó a crear por toda España la “radiotelefonía”, el periódico madrileño La Libertad convocó una asamblea el 18 de mayo de 1924 para constituir la Federación Nacional de Radio-aficionados, y tratar de asegurar el broadcasting en nuestro país.

A finales de aquél mismo mes, al terminar por la noche el programa de Radio Ibérica se escuchó a otro aficionado, Miguel Moya Gastón de Iriarte, redactor de la Sección de T.S.H. en el periódico El Sol, poniendo en el aire sus propias señales que identificó como “1RA” – 1 Radio Aficionado, emitiendo música y noticias. Días después, comenzó también en Madrid el ingeniero Antonio Ochoa con sus transmisiones de “radio conciertos”.
Cuando ya la “radiotelefonía” era considerada “enfermedad nacional” fue firmada la Real orden de 14 de Junio de 1924 mediante la que quedó autorizada la radiodifusión y la radioafición en España.

5. Nuevas experiencias de broadcasting por los amateurs
A pesar de que el Artículo 34 del Reglamento prohibió que las estaciones de aficionados fuesen usadas como estaciones de radiodifusión, ciertos amateurs continuaron emitiendo música y palabra con sus transmisores. Así lo hizo el ingeniero Ochoa desde su Onda Olímpica o Radio Olímpica, Emilio Cañete, editor del Radio Sport, con su Radiomicro, y alguna otra. Casi todos los aficionados madrileños a la emisión se reunieron en una ferretería desde donde “C. I.”, Carlos Igartúa, tiempo después EAR-57, emitió con su propia estación transmisora.

En otros lugares de España también ocurrió lo mismo y de ello tenemos constancia por ejemplo en Sevilla, donde Ildefonso Motero con la ayuda técnica de Rafael A. de Terry, montaron un transmisor; se identificaron como “4XX” a mediados de julio de 1924, y poco después éste se convirtió en el de Radio Sevilla.
Volviendo a Madrid, en noviembre de 1924 el aficionado Antonio Prieto, más tarde EAR-7, empezó a emitir amenos “radio conciertos” y programas de divulgación científica que llegaron a ser recibidos hasta en Santiago de Compostela.

Una muestra de cómo pudieron ser aquellos programas radiofónicos de entonces, nos la dejó el humorista Balder en la simpática grabación contenida en un disco de pizarra que compró mi abuelo como buen aficionado a la “radiotelefonía”. Dada hoy su curiosidad considero interesante escuchar el comienzo de la Sesión de Radio:

Entretanto, los aficionados españoles a experimentar en las ondas cortas lograron una hazaña importante en las Navidades de 1924 cuando Fernando Castaño, EAR-2, estableció desde Madrid las primeras comunicaciones radiotelegráficas españolas con tierras americanas.

Poco después, a partir de 1925 también comenzó a desarrollarse el broadcasting en las Islas Canarias por las emisiones de los amateurs que formaron el Radio Club de Tenerife y en Las Palmas el Club Radio Canarias.
Igualmente en Almansa (Albacete), y a pesar de encontrarse totalmente aislado de otros aficionados Carlos Salvador Salcedo, EAR-36, éste comenzó sus pruebas en 1925; montó un pequeño estudio y decidió emitir “radio conciertos” en su longitud de onda autorizada de 60 metros. En plena euforia por la “radiotelefonía” cada vez más vecinos trataron de escucharle, por lo que en 1927 hubo en la ciudad unos 300 receptores de galena y 75 de lámparas. En consecuencia, el propio Salcedo calificó a Almansa como “la población de las ondas cortas”.

Mientras que en Madrid continuaron saliendo algunas más Emisoras radiotelefónicas locales, como se las llamó entonces dada su pequeñísima potencia, el 11 de diciembre de 1925 fue otra fecha histórica de la Radio española al lograr Ramón de Lili Galdames, EAR-21, desde Bilbao, la primera comunicación radiotelegráfica con nuestros antípodas en Nueva Zelanda. Días después lo consiguió en Madrid Miguel Moya, EAR-1.

El 26 de enero de 1926 quedó constituida oficialmente la Asociación EAR, fundada y presidida por Miguel Moya con la finalidad de reunir a los aficionados interesados en la emisión y recepción de las ondas cortas.
Ciertos amateurs continuaron emitiendo esporádicamente música y actos culturales desde distintos puntos de España, pero con independencia de tal actividad, cabe mencionar la que comenzó a prestar diariamente el propio Miguel Moya desde su estación EAR-1 a partir del 6 de febrero de 1928. Fue una colaboración de verdadera importancia, pues el Servicio Nacional Meteorológico le pasó con regularidad la información sobre la predicción del tiempo que emitió en onda corta con el nombre de Meteo-EAR.

6. Prohibición de las experiencias de broadcasting a los amateurs
Ante el reiterado incumplimiento por parte de ciertos aficionados del mencionado Reglamento de 1924, que prohibió a los amateurs emplear sus estaciones para emitir como las de broadcasting, más de cinco años después, en 1929, el Director General de Comunicaciones se vio obligado a enviar un escrito al Presidente de E.A.R. reprendiendo tal indisciplina.
El 2 abril 1930, se publicó una Real orden modificando el Articulo 34 del Reglamento mediante la que se dispuso que los aficionados solamente podrían realizar comunicaciones relativas a pruebas, ensayos, o regulación de aparatos, con exclusión absoluta de cualquier otra clase de mensajes.

7. Emisiones de broadcasting por estaciones amateurs durante la guerra civil española
Al iniciarse el levantamiento militar el 17 de julio de 1936 algunos aficionados empezaron a difundir información de lo que estaba sucediendo en sus localidades. Inmediatamente comenzaron a ser cortadas las líneas telefónicas y telegráficas y por ello ciertos amateurs prestaron un humanitario “Servicio de socorro” a ciertas personas que necesitaron conocer la situación de sus seres queridos residentes en zonas aisladas. Numerosas estaciones empezaron a ser incautadas a los aficionados a fin de realizar comunicaciones de servicio oficial, incorporarlas a los partidos políticos o emplearlas en misiones de propaganda. También, en ciertos casos se dispuso de sus operadores, como ocurrió en Madrid -zona republicana- con Diego García, EA4BW, a cuyo domicilio acudió diariamente Indalecio Prieto, del Partido Socialista, o en Jaca (Huesca) –zona liberada– con José María Borau, EA2BH, entonces soldado de transmisiones, para hacerse cargo del cuidado de su propia estación.

Bando de declaración del estado de guerra. A pesar de ello, algunas estaciones de aficionado comenzaron a ser empleadas como arma de contra propaganda en onda corta, en lo que se llamó “La Guerra de la Radio”. A este respecto hubo verdaderos programas radiofónicos desde la zona liberada, como fueron los de “Poca gracia y mucha justicia” emitidos en Melilla (Norte de África) desde la estación del capitán médico Ángel Mora, EA9AI, o los realizados desde la EA2BH de Jaca (Huesca) por “Asaúra”, los cuales encontraron su réplica desde la zona republicana por con la guerra dialéctica mantenida por el telegrafista de Torrente, en Valencia, Francisco Cano, EA5AD.

8. Conclusión
Consideramos que esta corta exposición realizada ha sido suficiente para confirmar el comentario que hizo el Profesor Ángel Faus, de la Universidad de Navarra, en su libro La Radio en España, en el que afirma:

MUCHAS GRACIAS

Isidoro Ruiz-Ramos y García-Tenorio
Archivo Histórico EA4DO
Histelcon2010
– 3 de noviembre de 2010